Pronóstico 2026: el final de la era del “Salvaje Oeste”

Por qué la IA y las criptomonedas ahora compiten por la energía, mientras las instituciones tienden “tuberías” y el retail duerme.

El 2 de enero de 2026, Forbes publicó un pronóstico programático que muchos pasarán de largo mientras buscan otra “señal de compra”. Y es un error. La idea clave del año es simple: las criptomonedas y la inteligencia artificial ya no evolucionan por separado. Son dos subsistemas interconectados de la economía global que se influyen directamente. Mientras los especuladores esperan un “to the moon”, los grandes jugadores (BlackRock, Fidelity y otros) no están ocupados con titulares ruidosos, sino con ingeniería silenciosa: están ensamblando la infraestructura por la que los agentes de IA liquidarán pagos en activos digitales. Veamos por qué 2026 se convertirá en el año de la “batalla por el enchufe” y de la legitimación definitiva de la blockchain como tecnología base.

Pronóstico 2026: el cierre del “Salvaje Oeste”. Por qué la IA y las criptos compiten por la electricidad, mientras las instituciones construyen autopistas de infraestructura y el retail duerme.

IA y cripto: convergencia y competencia al mismo tiempo

Forbes subraya que estos ámbitos ahora están entrelazados. Yo lo formularía aún con más precisión: no es solo cooperación, es una simbiosis a través de un conflicto inevitable.

  • Un único “nervio”: tanto el mercado cripto como la industria de la IA son igual de sensibles a la tasa de la Fed y a las condiciones macro. Cuando el dinero se vuelve “más caro”, cae de inmediato el apetito por el riesgo: se revisan presupuestos, se congelan experimentos y disminuye el flujo de capital hacia el venture y las apuestas especulativas. Como resultado, tanto los criptoactivos como las empresas de IA se comportan cada vez más como partes de un mismo mecanismo financiero, y no como dos “mundos alternativos” paralelos. Esto ya no es un “refugio del sistema”, sino uno de sus circuitos internos, donde los ciclos de liquidez y el coste del capital marcan el ritmo de crecimiento.
  • Lucha por los recursos: la principal escasez de 2026 no serán los chips, sino la energía. La minería de Bitcoin y el entrenamiento/inferencia de redes neuronales compiten por los mismos kilovatios, y por lo tanto por el acceso a generación barata, centros de datos, capacidad de red e incluso decisiones políticas a nivel regional. Allí donde la electricidad se convierte en un cuello de botella, gana no quien “pumpea” más fuerte, sino quien ofrece un modelo de consumo más eficiente: optimiza la carga, aprovecha tarifas flexibles, se ubica cerca de fuentes de energía, escala rápido y reduce consumo con la misma velocidad. En esta lógica, el mercado empieza a valorar no solo la “tokenómica”, sino también la economía energética: el coste del kWh, la estabilidad del suministro y la verdadera economía de la computación.
  • Conclusión: veremos crecer proyectos en la intersección de estas áreas, sobre todo DePIN (redes descentralizadas de infraestructura física). La IA necesita cómputo, almacenamiento, conectividad y acceso a hardware “bajo demanda”, y la blockchain puede organizarlo mediante reglas transparentes de registro, incentivos y rieles de pago. DePIN convierte la capacidad (GPU, CPU, almacenamiento, ancho de banda) en un recurso que se puede conectar, medir y monetizar rápidamente sin la burocracia clásica. Para el mercado, esto importa porque aparece una utilidad práctica: el token deja de ser solo una apuesta a la subida de precio y pasa a ser una forma de pagar un servicio de infraestructura y participar en el reparto de ingresos que genera.

Instituciones: construcción en lugar de casino

La frase “adopción institucional” hace tiempo perdió su filo, pero en 2026 cambia de contenido. Si antes los fondos se limitaban en gran medida a comprar ETF, ahora pasan a construir sus propios sistemas.

  • RWA (Real World Assets): la tokenización no es solo hype, es una forma de reducir costes para bancos y grandes intermediarios financieros. Llevar bonos y otros instrumentos a blockchain simplifica liquidaciones, acorta la cadena de intermediarios y reduce costes de back-office: menos conciliaciones manuales, menos estados de transacción “perdidos”, mayor velocidad de compensación y propiedad más transparente. Además, abre la puerta a una gestión de activos más flexible: fraccionamiento, automatización de cupones, restricciones programables y un encaje más preciso con requisitos regulatorios. En este modelo, la blockchain vale no como “parque de juegos”, sino como una capa tecnológica que hace la infraestructura financiera más barata y más rápida.
  • Talento: los banqueros están contratando desarrolladores Solidity, y eso es una señal poderosa. Significa que ya no hablamos de pilotos externos “para cumplir”, sino de construir capacidades internas: arquitectura de smart contracts, auditoría, seguridad e integración con compliance y reporting. Cuando las corporaciones empiezan a armar equipos, estándares y procesos, normalmente lo hacen a largo plazo, porque la inversión solo se paga con escala. Así, la blockchain sale de la categoría de “activo especulativo” y se convierte en una “necesidad operativa”, parte del paisaje IT, como en su día lo fueron las API, la nube y la automatización.

El enfriamiento del mercado es señal de madurez

Forbes señala: “un periodo de enfriamiento no debe interpretarse como estancamiento”. Traducido: baja la volatilidad, el mercado se vuelve más calmado y menos ruidoso. Y, curiosamente, esa es la mejor noticia para un inversor.

  • En los periodos tranquilos nacen los futuros unicornios. Cuando desaparece el “ruido” de los memes y los 10x rápidos, destacan los equipos que saben construir producto e infraestructura: mejoran el UX, eliminan cuellos de botella, bajan comisiones, aumentan el throughput y cierran vulnerabilidades. En esos momentos avanza más rápido lo que los usuarios normalmente no ven: escalado (L2, L3), puentes, seguridad, auditorías, resiliencia de infraestructura y herramientas para desarrolladores. Y eso es precisamente lo que luego se convierte en la base de la siguiente ola de demanda masiva cuando el mercado vuelva a calentarse.
  • Nos estamos moviendo del esquema “compra un memecoin y véndeselo a otro” hacia el modelo “compra un token y úsalo en procesos de negocio”. Eso implica una evaluación más pragmática de los proyectos: no solo promesas, sino métricas de uso, ingresos de protocolos y casos reales en pagos, contabilidad, logística e infraestructura de datos y cómputo. Cuanto más integrado esté un token en un ciclo económico claro (pago de servicios, colateral, acceso a capacidad, liquidaciones), menos dependerá de la histeria de corto plazo. Para el inversor, normalmente significa una lógica más predecible: menos casino, más economía.

Resumen

Si seguimos el vector de Forbes, 2026 será un año de pragmatismo. Si en 2024–2025 mirábamos sobre todo presentaciones bonitas y promesas, ahora el mercado pagará únicamente por utilidad real (utility).

  • El binomio IA + cripto. No como palabra de moda, sino como un stack tecnológico: la IA obtiene infraestructura, cómputo y una capa de liquidación, mientras que el cripto recibe demanda aplicada y nuevos escenarios de uso. Allí donde la IA necesita distribuir acceso a recursos de forma segura y pagar por ellos, la blockchain se convierte en un mecanismo conveniente de registro e incentivos. Y allí donde el cripto necesita una nueva ola de utilidad real, la IA la aporta mediante servicios prácticos y mercados de infraestructura.
  • Tokenización de activos del mundo real. Es el paso de “comerciar promesas” a digitalizar lo que ya tiene valor en la economía tradicional: deuda, bonos, fondos, flujos de commodities y derechos de cobro. Ganarán las soluciones que de verdad reduzcan costes operativos, simplifiquen reporting y aceleren la liquidación. Y cuanto mayor sea la claridad regulatoria, más agresivamente los grandes actores moverán procesos a rieles programables.
  • Infraestructura de nivel corporativo. El mercado valorará fiabilidad, seguridad, cumplimiento y la capacidad de operar “como un sistema”, no como un experimento. Eso implica estándares más altos: auditorías, reservas transparentes, modelos sólidos de gestión de riesgos e integración de calidad con fintech y bancos. Al final, ganan quienes construyen las “autopistas”: capas de liquidación, plataformas de tokenización, servicios de identidad/compliance e infraestructura para cómputo y datos.

El “Salvaje Oeste” se cierra. Empieza la era de la industrialización digital. Y quienes lo entiendan ahora estarán entre los beneficiarios del próximo ciclo económico.

Pregunta para los lectores

¿Crees que la competencia entre la IA y la minería por la electricidad llevará a una crisis de consumo energético o, por el contrario, acelerará la transición hacia la energía “verde”? Te leo en los comentarios.

04.01.2026, 23:38
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